Bien sé que para siempre: caí donde
no hay ni perdón ni carta de rescate.
Más fui, cuando viví, sal de la tierra,
la flor azul, el cetro de escarlata.
Aquí, sí condenado, no olvidé,
ni muerto estoy siquiera: vuelvo a ser yo
en la sangre de la mujer que, ardiente, pide
aquel modo de amar que fuera el mío.
Jose Saramago - Orgullo de D.Juan en el infierno
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